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domingo, 8 de marzo de 2015

Tarentola mauritanica: mi eterna enemiga.

Dicen que la primavera
la sangre nos altera
pero a mí lo que me altera
es una salamanquesa.
Llámala sarda, santorrostro o geco,
su nombre verdadero
TARENTOLA MAURITANICA.

Es un día de calor,
llega la primavera,
lo nota mi nariz,
se nota en mi cara.

Es el mundo un fruto inmenso,
llegan los insectos
y ya está de vuelta
mi amiga salamanquesa...

Siento que mi carne se desprende
por ese lagarto imprudente;
mi sangre se detiene
cuando veo que a mí viene.

No quiero por mi piel
sentir su roce...
Respiro, tiemblo
y rápidamente me alejo.

Quisiera fundirme en el aire
o tener valor para pisarlas...
pero ¡gritan si las pisas!
y de su cola se deshacen
si por ella las cogen.

Yo no quiero ni mirarlas,
pero no hago más que encontrármelas.

Su piel está llena de escamas,
su cabeza es ancha y aplastada,
y esas extremidades
tan desarrolladas...

Es un lagarto pequeño, inofensivo
mas yo por él no vivo.

A menudo las veo correr.
Cabeza abajo
me observan mientras trabajo.
Siempre las tengo presentes
con esos ojos prominentes,
en ellos una membrana
transparente
que limpian con su lengua
pegajosa y gruesa.

En sus dedos, laminillas adhesivas.
Trepan hasta por el cristal 
y yo no puedo ni respirar.

Todos me dicen:
-si sólo te quiere saludar-
¡Muy simpático reptil,
pero no te acerques más a mí!

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