Ya sabes que no eres una niña, dejaste de serlo hace mucho tiempo. Ya dejaste el instituto y tus quehaceres son propios de una persona adulta. Ya tienes bastantes responsabilidades. De ahí a que se te vea mayor... Aunque conserves tu figura, no es la misma que cuando tenías 18. Si alguna cana asoma, no es porque seas vieja; las arrugas que puedas tener seguro que son de sonreir tanto; y bueno, esas patitas de gallo... es que salen en seguida...
Pues bien, vas paseando por la calle y de pronto oyes voces de niños desde el muro del colegio, al lado del cual estás pasando: -¡Señora! ¡Señora, por favor la pelota!
Sigues andando porque evidentemente no te llaman a ti. Pero ellos siguen: -¡Señora! ¡La de rojo! ¡Por favor, la pelota! Y ya miras a los lados y ves que en la calle sólo estás tú, y para colmo vas de rojo ese día, pero tú no eres una señora... Ya cuando los niños insisten vas y coges la pelota, pero no muy conforme por cómo se han dirigido a ti. Ya ves... te tratan con respeto, pero eso de señora... en fin.
Esa es la primera vez que oyes SEÑORA y va dirigido a ti... ¿señora yo? ¿perdona?
Desde ese instante te planteas si deberías casarte y tener hijos o, por el contrario, irte de botellón con tu hermana pequeña y sus amigos.
Ese momento en que un niño por primera vez te dice "señora"... es un título que pesa, que remuerde... marca un antes y un después. De pronto te das cuenta que dejaste de ser una niña para pasar a ser una... señora. ¿En qué momento pasó mi juventud?
Y claro, buscas en la RAE el término y una de las acepciones es: 4. m. y f. Persona respetable que ya no es joven.
Y si lo pones en un buscador de imágenes pues, entre otras cosas, sale esto:

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