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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Metamorfosis

Esta es la historia de Rita la oruguita...
Nació en un bosque repleto de plantas de todo tipo: flores de todos los colores y formas, árboles altos, bajos, rugosos y lisos... 
La curiosidad hizo de ella la oruga más conocida de todas. A Rita le gustaba mucho cada planta del bosque, pero le llamaba especialmente la atención una flor a lo lejos. No destacaba mucho entre las demás, pero para ella era la más peculiar. 
Mientras se acercaba a ella muy lentamente iba preguntando a cada planta mil curiosidades y se daba a querer por casi todas. El bosque era un entorno maravilloso, pero para Rita alcanzó su mayor esplendor cuando al fin llegó hasta aquella intrigante flor. Le costó un poco más conversar con ella y darse a conocer, quizá porque le gustaba más que cualquier otra. Pasaba el tiempo y allí seguían mirando, escuchando y hablando de todo. Hasta el silencio era agradable cuando estaban juntas la flor y la oruga. 
Cuando llovía o el sol salía, la flor siempre protegía a la oruguita para que no pasase ni frío ni calor. Sin embargo, un día de invierno, una gran tormenta hizo que la flor perdiese sus hojas, su fuerza y su esplendor. La oruguita se vio desprotegida y no supo cómo ayudar a la bella flor. Si trataba de subir en ella para que no se mojase podría romper su debilitado tallo. 
Pasó todo el invierno al lado de la flor, pero esta seguía sin mejorar: no hablaba, sus hojas no brotaban... Muy a su pesar, triste y desconsolada, Rita tuvo que abandonar a su dulce flor. Ella también se estaba debilitando por el frío, la lluvia y las heladas.
Durante mucho tiempo anduvo errante la oruguita sin saber a dónde ir. Llegó la primavera y mientras el bosque volvía a florecer, ella se sentía cada vez peor. Trató de pedir ayuda a otras flores. Algunas ni se molestaban en oirla y otras aunque lo intentaban, no la hacían sentirse ni cómoda ni protegida. 
Siguió caminando sola hasta llegar al tronco de un arbusto, el cual no hablaba, pero sí quiso escucharla. La triste oruguita decidió crearse una coraza alrededor de sí misma, instalada junto a aquel arbusto. Hablaba y hablaba con él sin parar. Aunque nunca recibía respuestas, ella poco a poco se iba sintiendo cada vez más reconfortada.
Pensaba, soñaba, imaginaba y reflexionaba sobre todo lo que había conocido en aquel gran bosque y en todo aquello que le quedaba por conocer. Para pasar el tiempo aprendió a tejer y coser y comenzó así a elaborar mantas con pequeños retales para abrigarse en las siguientes heladas. Mientras cosía, pensaba en las flores que no la dejaron acercarse y en aquellas otras que habían sido un poco más amables. Especialmente pensaba en su flor y en su inseparable arbusto...
Ya después de mucho tiempo cansada de estar metida en su coraza decidió asomarse para ver aquel bosque del que tanto había aprendido. Aquella naturaleza tenía melodía propia - ¡Qué belleza! Y yo aquí metida - pensó. 
Al fin decidió salir de ella y cuando ya estuvo fuera se dio cuenta de que aquello que había cosido como mantas, eran dos grandes alas con las que estaba volando incluso por encima del arbusto. 
Radiante de felicidad, agradeció encarecidamente a su amigo, quien había dejado que se instalase sobre su tronco. Prometió visitarle a menudo, pero había llegado el momento de volar y de disfrutar. 
Emprendió el vuelo y con el primer vistazo observó cómo aquellas flores que la habían rechazado la llamaban y ella simplemente volaba y volaba sin ni tan siquiera mirar atrás.
De pronto observó una flor que volvió a captar su atención. Era diferente a su flor... pero no... ¡era su flor! Había mejorado y ahora brillaba incluso más. Ambas estaban más fortalecidas que antes. Aunque sus hojas habían sufrido, sus raíces estaban intactas y eso hacía de ella una flor más llamativa. Se acercó y la flor reconoció en aquella hermosa mariposa a la sensible y agradable oruguita a la que había protegido. No habían perdido ni un ápice de magia entre ellas y ahora no solo se podían proteger a sí mismas sino que se protegerían mutuamente porque habían crecido por separado, pero siempre pensando la una en la otra. 





Es una manera metafórica de decir que hay algún momento en la vida en el que nos encontramos con una situación difícil y nos tenemos que enfrentar a ella de la mejor forma posible. En el periodo de adaptación en la resolución del problema sufrimos un cambio (ese que nos fortalece sin ser conscientes de ello). En ese proceso de "oruga a mariposa" nos encontramos con quienes nos defraudan, pero también los hay que nos sorprenden gratamente. Mientras nos damos cuenta de todo esto, nos van creciendo esas "alas" que nos dan la capacidad para volar y mirar las cosas desde otra perspectiva y entonces es cuando podemos decidir qué sí, qué no y cuándo el momento es el adecuado. 

"Busca las flores que mayor estabilidad den a tus alas y a la vez mayor impulso para volar más alto. Si no encuentras esas flores pues... ¡a volar se ha dicho! que para algo fabricas tus propias alas".

jueves, 17 de diciembre de 2015

Hay amigos y AMIGOS

Hay personas que hacen que la vida sea más completa, hay personas que hacen que sea posible que tú seas como eres. Yo tengo la inmensa suerte de haber conocido a una de estas personas que hacen que nunca te sientas sola. 
Contigo he compartido mil momentos buenos que gracias a ti han sido mejor que buenos y también hemos compartido momentos no tan buenos y gracias a ti han sido más llevaderos. Para ti deseo toda la felicidad, toda la suerte y todo aquello que te haga sonreir siempre. Para mí pido que mantengas tu esencia que hace que este caminito sea mucho más llevadero. Siempre lo he dicho y siempre lo diré: eres grande cual ilusión en niños y no tan niños, eres único y eres por suerte MI AMIGO. 
¡FELICIDADES!

lunes, 7 de diciembre de 2015

Nada de regalitos

Llevo unos días viendo cómo está todo el mundo ambientando mi entorno con toda esa decoración navideña que siempre me ha encantado. Y es que este año estoy un poco distraída y no soy muy consciente de la época en la que estoy ubicada… pero dado que llega la Navidad supongo que tendré que escribir a los Reyes Magos. Esta vez me dirijo a algún ente navideño más…
Queridos Reyes Magos, Papá Noel, espíritus y duendes navideños:
Este año he sido muy buena, y a pesar de ello he recibido continuamente malas noticias, tropezones, golpes…  Por eso lo que os pido esta vez es muy simple: me gustaría que os llevaseis mi mala suerte y se la pongáis en el culo a uno de esos que no hacen más que atentar contra unos y otros, que cuando ponga una bomba, por ejemplo, le estalle a él. Llevadla donde queráis, pero dejadla cerca de alguien que impida a los demás ser felices. Yo no sé dónde la encontré, pero ya no la quiero.
Ni os pido regalos, ni dinero, ni la ilusión que perdí tras encontrar la mala suerte. Todo eso lo busco yo, pero ¡claro! si alguien se lleva esta maldita racha que me persigue…
 
Si podéis ayudar a que se cumpla, es de agradecer.  Mientras, yo seguiré intentando que todo mejore para lograr mis sueños.

martes, 1 de diciembre de 2015

Incrédula

En el mundo de las marionetas había una que sobresalía, pero no precisamente por ser la más coqueta. Todos la llamaban la Incrédula. Nunca quería participar en ninguna obra de teatro, por muy corta que fuese la actuación. No creía que pudiese hacer nada bien y prefería observar desde la parte de atrás.
En una de las actuaciones del resto de marionetas, ella se sentó en un banco situado detrás del telón. Pudo ver que debajo del banco había algo que llamó especialmente su atención. Era una máscara muy bonita, llena de color y brillaba sin parar. Por un instante pensó en buscar a su dueño, pues tal reliquia debería ser muy importante. Sin embargo, se la llevó sin que nadie pudiese verla. Ya en casa se la probó y se sintió diferente, como una estrella que brillaba más que ninguna. Comenzó a actuar sin parar, a recitar cuentos y a cantar. Sus hermanos pequeños, observándola no paraban de reír y disfrutar de todo cuanto hacía la mayor de ellos. Incrédula, al ver tanta felicidad reflejada en las caras de los pequeños, se aferró a la máscara desde aquel momento.
Al día siguiente, se presentó en el teatro con la máscara puesta y llegó con tal alegría y actuando con tanta maestría que nadie daba crédito a tanto arte. Todos querían actuar con Incrédula, pero nadie sabía quién era esa marioneta que tras la máscara se escondía.
Un día y otro día era la protagonista y nadie lograba averiguar quién había tras la máscara misteriosa...
Las más famosas marionetas decidieron preparar una actuación especial, algo que nunca se hubiese visto antes y esta vez contaban con el talento de aquella máscara talentosa.
Pidieron a Incrédula que se quitase la máscara para tal evento, pero ella nunca accedió a tal petición. Ella tenía confianza en su amuleto, no en sí misma. Incrédula pensaba que era una buena artista gracias al brillo del objeto que ocultaba su identidad. Desde el primer momento pensó que si fallaba nunca nadie sabría quién era realmente.
Llegó el día de la actuación e Incrédula no sentía nervios ni desconfianza, creía que con su rostro oculto tras aquella mágica máscara nada podría salir mal.
Todos los niños esperaban impacientes la subida del telón para ver a la gran protagonista. Ella actuó tan bien como siempre. Había pasado tanto tiempo observando que sabía más que nadie de teatro. Terminó la función con más aplausos que nunca. Sus compañeros boquiabiertos, eufóricos gritaban su nombre: "¡Bravo Incrédula! ¡Fantástica!"
Fue entonces cuando nuestra protagonista se dio cuenta de que había actuado sin máscara. Se le había caído en medio de la actuación y de tanta pasión que puso en su interpretación no se había dado cuenta. Al principio, sintió un poco de vergüenza y miedo por si alguien le reprochaba algo. No obstante, al ver tanta satisfacción a su alrededor, ella se sintió orgullosa, segura y feliz por su gran trabajo. Se había dado cuenta de que el talento estaba en ella misma y no en su brillante amuleto .
Incrédula metió la máscara en su caja de recuerdos. Ya no le hacía falta, pero no quería tirar algo que había sido tan importante para ella y simplemente la guardó con todo el cariño: "ya no te necesito, pero siempre te estaré agradecida por todo lo que me has hecho ver; por fin creo en mí misma".

 



"EL MEJOR AMULETO QUE EXISTE ES CREER EN UNO MISMO"