Páginas

lunes, 27 de diciembre de 2021

Wei Ji

Lo sé, los cambios cuestan.

Todo cambio genera incertidumbre y temor, tenemos la sensación de que durante un momento vamos a perder el control de nuestra vida. Y pocas cosas pueden llegar a ser más angustiantes.

Todos sabemos que a veces los cambios se nos presentan impuestos y ante ello no nos queda otra que agarrarnos los machos y seguir hacia alguna parte donde reencontrarnos. Con esto me refiero a una ruptura de pareja, un despido laboral, una pérdida por algún fallecimiento… lo que viene siendo la vida misma, que se empeña en mostrarnos que somos constante evolución.

Seguro que todos habéis pensado alguna vez “ya no soy quien solía ser” o pensando en otra persona “ya no es la misma”. Y menos mal. Imaginad que nos estancamos; sería signo de que no aprendemos.

Ahora bien… otra cosa es cuando los cambios nos lo pide nuestra propia mente y somos nosotros mismos quienes tenemos que decidir reorientar nuestra vida. Acojona ¿eh?

Es entonces cuando aparece el miedo. Miedo a no saber si va a ser lo acertado o si el coste emocional, personal, económico… va a valer la pena.

Lo que nos es conocido nos tranquiliza porque sabemos cómo debemos actuar. Nuestra zona de confort es donde nos creemos felices (tantas veces), pero simplemente es una burbuja (nuestra burbuja) y lo que pueda haber fuera nos parece amenazante. Es por eso que nos aferramos a esa comodidad aunque nos perturbe, porque es el terreno que conocemos y del que nos da miedo salir. 

Todo cambio implica valor, nos obliga a adaptarnos a nuevas condiciones y hemos de poner mucho esfuerzo, incluso diría que arriesgar nuestro bienestar y seguridad. La duda ante lo que pueda venir nos paraliza. Pero es que si no damos el paso, nunca sabremos qué hay después.  

Dicen por ahí que si da miedo es porque merece la pena. No sé si será cierto, pero la vida siempre merece la pena, con todos sus cambios porque el cambio es parte de la vida, es evolución (como dije antes) y no un obstáculo infranqueable en nuestro camino.

Los que me conocen ya saben que el mundo oriental me fascina, sus conceptos para mí son tremendamente envolventes. Para la reflexión de hoy vais a ver otro ejemplo de ello. En la cultura oriental la palabra “cambio” se representa con dos ideogramas que a su vez ilustran dos términos: “peligro” y “oportunidad”. ¿No os parece algo muy significativo? Que por cierto si lo buscáis, encontrareis el término como crisis y es que una crisis no es otra cosa que el momento de cambiar algo.  


 

 



domingo, 12 de septiembre de 2021

Cualquier día

 

Los días llegan apresurados y nunca dicen para qué.

Te beben repentinamente, sin pedir permiso

En cualquier parte.

Se va uno y vuelve otro y así… toda la vida.

 

Lo único que hago últimamente es componerme de días.

Intento comprender, con esfuerzo, por qué me quedo

A veces, pensando

Queriendo llorar.

 

Sueno subordinada a un sí bien queda

Y cualquier día porque sí

Mis ojos analizan desde una mente lejana

A ver si

Cualquier día

¿Por qué no?

Al darme la vuelta, me golpeo con la tristeza en la cara

Y salgo a galope huyendo de aquí

Porque no siempre es momento de un vale todo.

 

 



martes, 19 de enero de 2021

Ahora sí. Feliz año

 20 de enero. Doble cumpleaños como siempre. Mi padre y mi abuela celebran nuevo dígito. 20 de enero. Me hace eco hoy en la cabeza. 

Hace unos meses estaba mirándote mientras dormías, a modo de vigía. No quería que te pasase nada. Desde mi silla te echaba de menos, a un metro de distancia. Fíjate, tan cerquita y yo con tanto miedo a perderte. Porque sí, ahí conocí de verdad lo que es el miedo. 

Dormir con el móvil al lado, con sonido, se ha convertido en un hábito cada noche. Porque sigo cuidándote. Solo hace falta una llamada para que me lance al asfalto a buscarte. 

Ya sabía que te quiero, lo que no sabía es cuánto te necesito en mi vida. Porque sí te necesito. 

Hoy es 20 de enero y creo que la vida nos da un gran regalo. Que sigas con nosotras.

Hoy que estoy a más de un metro te siento más cerca. Aunque también te echo de menos. Sigo cuidándote aquí, al otro lado del teléfono. 

Hoy sí que sí puedo decir ¡feliz año! Otro más por delante papá. 

Fuera de regalos materiales, el mejor regalo es seguir. Soñando, gruñendo, riendo, silbando, chinchando... pero seguir. Con tu permiso quiero pedir algo... Que empiecen a restarse km entre nosotros. Que no quiero más sentir que estoy en el lugar equivocado por si pasa algo. 

De momento tú sigue cuidándote que ya me encargo yo de acercarnos. Te quiero. Las lágrimas que se me están cayendo ahora me delatan 🙃.

💋