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domingo, 26 de enero de 2020

Todo pasa. Incluso lo que no queremos.

Todos tenemos una historia que nos ha roto un poco. O mucho. Una historia que ahora nos estremece al recordar. Algo que nos hace frágiles y fuertes a la vez. Todos tenemos perdida alguna pieza del puzzle.

Qué sensación tan grande de vacío. Os prometo que tengo lagunas mentales de esa época. Unos meses en los que se me quedó la vida vacía. Sí. Tantos meses que se hicieron años. Vivía por inercia. Recuerdo vagamente ir a trabajar. Me recuerdo mirando al infinito. Iba a mis clases de inglés y las recuerdo como un lejano eco en mis oídos. A día de hoy no sé cómo aprobé el examen, si no podía pensar. Os prometo que no podía pensar. Tenía un bloqueo mental muy grande. Me sentía rota.
Sé que iba al gimnasio y eso era todo mi desahogo porque no podía articular palabra.
Y mi hermana me cuenta cómo me sentaba 
a llorar en mitad de la noche en el suelo apoyada en la mesilla,  entre las dos camas. También dice que tuvo que ir a buscarme al portal de al lado porque no subía a casa. Yo sólo esperaba... Y cuando me lo cuenta  me parece la historia de otra. No lo recuerdo. 
Sí recuerdo que llamé a la que por aquel entonces consideraba mi mejor amiga. Y me hizo ver que eran cosas que pasaban... quizá por eso nunca más hablé de ello. Sentía que nadie iba a entender por qué me dolía tanto algo por lo que todo el mundo pasa. Sentía que todos tenemos historias que nos rompen y que la mía era una más. Otra nimiedad.
Y mientras notaba que a los demás les parecía "cosas que pasan en la vida" yo escuchaba cómo cuando pisaba al andar sonaban cristales rotos. Era yo, mis trozos. Y todos pasaban por encima de ellos sin saberlo.

¿Quién no tiene una cicatriz que nadie nunca ha visto? 

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