Dije “voy a intentarlo” y no he parado de
hacer intentos desde entonces; pero es que las cosas hay que intentarlas, las
oportunidades hay que perseguirlas. Sí, aunque no sean lo que tenías en la
cabeza antes de abalanzarte. Tampoco me arrepiento. Porque me sirven para
reforzarme, para desdibujar lo que pensé que sería y no. Una dosis de realidad
no está de más.
¿Sabéis? Tengo tantos sueños en la cabeza
que hacen que tenga mi vida patas arriba.
Pero es que lo bonito de la vida es
perseguir lo que uno quiere, aunque no nos sea del todo rentable… Así me convenció mi vena romántica. Cosas de la edad y de ideas mal concebidas,
supongo. O no.
Dicen que cuando vas a por lo que quieres
de verdad, te cambia la vida. Y en ello estoy… no quiero quedarme con la
sensación de “quería, pero…”
Y oye que ya que estamos justo en ese
momento en el que la gente se propone nuevas metas, pues yo he aprovechado para
escribir esto también. ¡Yo tengo muchas metas en mente! que se pueden resumir en una: sentirme feliz con lo
que hago (en lo personal y en lo profesional). Y no, en mi caso no es un
propósito para año nuevo; es un propósito de vida.
Qué fácil ¿no?
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