Páginas

jueves, 4 de junio de 2015

Mi caprichito

Había una vez...
...una niña muy pequeña a la que le aterrorizaba estar sola. Siempre buscaba la manera de tener a alguien cerca y trataba de llamar la atención siempre para que la gente de su alrededor estuviese pendiente de ella. Pasaba el tiempo y a pesar de que esa niña al final siempre estaba acompañada, se seguía sintiendo sola. Ya no sabía qué podía hacer...
Un día sin más se le ocurrió que la solución sería tener un hermano o hermana. De esa forma, se sentiría acompañada por siempre: tendría con quien jugar a todas horas, podría enseñarle todo lo que sabía e incluso podría dormir con alguien. Un día y otro día la niña no hacía más que repetírselo a sus padres: -quiero un hermano o una hermana. No sabía ya qué decir ni hacer. Incluso amenazaba con subirse a los sitios más altos sin ningún tipo de cuidado. Y mientras los papás le decían una y otra vez que tuviese cuidado, la niña siempre respondía lo mismo: - a mí me da igual porque como no tengo herman@...
Cada vez se sentía más triste por no conseguir lo que quería... hasta que de pronto una mañana, su mamá la despertó para darle la noticia más esperada. La niña comenzó a dar saltos de alegría en la cama y no paraba de besar la barriga de su madre. Cada día hablaba con la barriga, esperando que alguien la escuchase desde allá dentro... 
Pasaron los meses y por fin ese día llegó. Tardó un poco más de lo habitual... De hecho pensó que esa misma tarde llegarían su mamá y su hermanita a casa, pero no. Aunque no le importaba dormir con su papá, esos días no le gustó mucho porque significaba otro día sin su mamá y su hermanita. ¡No veía la hora de conocerla! Al fin había nacido y no podía verla... 
Pocos días después, vio llegar el coche de su papá y esta vez venía acompañado. Ahí estaba su mamá y... aquella bebé de la que todos decían que tenía la cabecita como una naranjita.-¡Vaya!- pensó la niña, -es demasiado pequeña. Era más pequeña que alguna de sus muñecas... Aunque un poco decepcionada por el tamaño, no perdia la esperanza de poder hacer algo con ella. Intentaba jugar a las muñecas y mientras todas permanecían rectas y quietas, su hermanita se tumbaba una y otra vez. Tampoco podía enseñarle nada porque no entendía lo que le decía y mucho menos dormir con ella porque se pasaba noche y día llorando. ¡Qué disgusto! Tanto tiempo pidiendo una hermana para esto...
Algunos días le daba la risa con las muecas que hacía la pequeña, excepto cuando se reía porque no le gustaba el hecho de que no tuviese dientes. Una vez que dejó de llorar por las noches, se animó a pedirle a su mamá que la dejase dormir con ella. La bebé iba creciendo y la niña aprendió a quererla, a cuidarla y a no poder vivir sin ella... 
Han pasado 20 años desde aquello y hoy puedo decir que la niña, ya no tan niña, quiere a esa hermana (ya de 20 años) más que a nadie... He aprendido a quererla tanto que ya no quiero aprender a vivir sin ella...

¡FELICIDADES a mi veinteañera! Te quiero cada día más y mi orgullo hacia ti crece a la vez que creces tú. 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario