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viernes, 10 de abril de 2026

Una forma de estar en el mundo.

 

Hay un lugar en el mundo en el que aún resuenan esas formas de nombrar que no son solo palabras, sino una manera de entender el mundo. Ese lugar es la Aceña de la Borrega y aquí decir el “ti Antonio Ramilo o la “ti Joaquina” no es solo una manera de llamar a alguien: es una forma de acercarlos, de hacerlos parte de uno mismo, de reconocerlos con un cariño que no necesita explicarse.

Ese “ti” no nace por casualidad. Es, en realidad, una evolución viva del “tío” y “tía”, palabras que en los pueblos dejaron de referirse únicamente al parentesco para convertirse en algo más amplio: un título afectivo y respetuoso hacia las personas mayores. Es una alternativa a “señor”/ “señora” o “don”/”doña”.

Con el paso del tiempo, la lengua —siempre práctica y cercana— fue limando sonidos, acortando distancias, hasta convertir ese “tío” en un “ti” más rápido e íntimo.

Lo de referirnos a alguien como “el tío José” o la ”tía Juana” pertenece a una tradición muy extendida en el mundo rural de España, sobre todo en zonas de interior como Extremadura, Castilla o partes de Andalucía. 

Esta forma de expresarnos tiene su origen en la Edad Media: “tío” empezó a usarse como tratamiento para esa gente mayor del pueblo que no tenía títulos formales. Era una forma de respeto, pero desde lo cotidiano, algo más cercano.

En nuestro caso diría que quizá sí que entramos en algo más especial. Ese “ti” no deja de ser una evolución fonética natural. La lengua hablada, sobre todo en entornos rurales, tiende a acortar fonemas. Igual que se pierden sonidos en muchas palabras, “tío” pasó a ser “ti”. Pero nosotros cuando denominamos al “ti Joaquín Cuco”, a la “ti Faustinao al "ti Ricardo Frijonero" no nos reducimos solo a una forma de expresión, sino que los elevamos a la categoría de los que han vivido, de los que saben y de los que forman parte del tejido del pueblo. 

Cuentan estos nuestros mayores que cuando se casaban ya se ganaban ese título de "ti" y había que tratarlos de usted. Así tenemos (o teníamos) a numerosos vecinos que recordamos con esta forma de llamarlos: la “ti Ana”, la “ti Feliciana”, la "ti Joaquina Ligera" el “ti Manuel Boliña”, el “ti Frasco”, la "ti Juana" el "ti Antonio Tercero", la "ti Quica", el "ti Adelino", la "ti Marina", la "ti Julia"… Con ellos reconocemos que, aunque no haya sangre compartida, hay comunidad. 

No los nombro a todos, pero todos están en nuestra memoria. Usamos el "ti", el nombre y el mote en muchos casos, en algunos ejemplos no lo he puesto para englobar en cierta forma a todos o porque no recuerdo que se les llamase de otra forma. Ahora seguro que enlazamos nombrando a otros tantos y eso hará que de alguna forma nos volvamos a sentir familia, a revivir momentos y nos acercará a ellos y a su vez entre nosotros. Esto precisamente es lo bonito y lo que vengo a intentar transmitir con este “homenaje” a ellos y a esta forma de referirnos a ellos. 

Con el paso del tiempo, estas formas se van apagando poco a poco. Las voces que lo sostenían se hacen cada vez más bajas y escasas. Con ellas se diluye algo más que una forma de hablar: se nos escapa una manera de mirar, de sentirnos cerca (como venía diciendo en el párrafo anterior), en definitiva, de reconocernos en este vínculo tan nuestro.

Cuando nombramos al “ti José” o a la “ti María” es ubicarlos en nuestro entorno, en su historia y sus vidas entrelazadas con la de todos. Es una forma de cariño, de respeto y de pertenencia.

El lenguaje nunca es solo lenguaje. Es memoria, identidad, es la forma en que nos colocamos unos frente a otros. Cuando dejamos de decir “la ti Mª José” o la "ti Catrina", quizá también estamos dejando de mirar a nuestros mayores con esa mezcla de cercanía y respeto que lleva implícita la palabra ternura y que no necesita adornos.

Cuidar estas formas es entender que en ellas hay algo valioso: una forma de comunidad que no debería perderse, que cada palabra heredada lleva dentro la memoria de quienes nos precedieron y esto ojalá sea también una invitación a no romper el hilo. Porque hay palabras que no solo nombran… sostienen una forma de estar en el mundo.






Gracias Montse por incitarme a escribir sobre esto. Lo he hecho con todo mi cariño. 

6 comentarios:

  1. ¡¡Oooooohhh qué bonito y qué llorera!! Gracias Sol, sabía que lo ibas a hacer perfecto 💯
    Montse

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  2. Precioso como todo lo que escribes,que pena que con nuestros mayores se vaya extinguiendo esa comunicación tan especial

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  3. Que bonito y a la vez que pena que se vaya perdiendo nuestra forma de llamar a nuestros mayores que la mayoría por desgracia ya no estan!! Me hace especial ilusión cuando has nombrado ha mi padre al tí Ramilo y mi madre la tí juaquna gracias guapi 😘😘

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  4. Si hay algo que nunca deberíamos olvidar son las tradiciones que nos identifican porque es una manera de no olvidar de donde venimos y quienes somos. Nuestra identidad siempre mantiene vivo a todos los que alguna vez estuvieron a nuestro lado. En mi caso no coincidí personalmente con muchas de esas personas pero gracias a vivir esas pequeñas tradiciones si he podido conocerlas un poquito.

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  5. Me encanta, ojalá seamos más “ti”

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